Welcome to Mount Carmel Center, a Monastery and Retreat House of the Discalced Carmelite Fathers. Mount Carmel remains an oasis of solitude in the midst of the busy city of Dallas. Located on a high hilltop upon 45 acres of land, you will find a restful and peaceful place here.

The Monastery is home to the Discalced Carmelite Fathers. Our mission is to be a vibrant Carmelite monastery which nurtures spiritual growth and formation in the Christian community through retreats, conferences and ministry to parishes. The Center is available for private retreats or small group retreats and we also offer mornings of reflections on spiritual topics throughout the year. Please explore the site and feel free to contact us with any questions you may have.

The Order of the Discalced Carmelites, Province of St. Therese has once again been certified as Praesidium Accredited™.

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¡Les tenemos buenas noticias! ¡Hemos abierto nuestro canal de YouTube! Éste es el enlace: Encuéntralo aquí
 

Dear Friends of Mt. Carmel Center,
I pray you are all well as we continue to face these unprecedented circumstances in our world today. It is our intention at Mt. Carmel Center to stay in communication with all of you by sharing some reflections as we continue this time of both challenge and grace.

I know people have different opinions in regards to the restrictions implemented by our civil and religious leaders in response to the pandemic we are facing. I’ve heard from several individuals who feel sad and let down for not having access to the most Holy Eucharist and direct contact with their faith community, especially in these times when they believe they are most needed. On the one hand it’s good that we don’t take this situation lightly because it means that we care, that we value and love Our Lord in the most Holy Eucharist and those with whom we share his banquet of love. I would have been more concerned if the general reaction was one of indifference.

However, it’s important that we discern God’s invitation to each of us now. We know the sacraments are the way par excellence in which God grants us his grace. However, the Church teaches that God has bound grace and salvation to the sacraments, but he himself is not bound by them (cf. CCC 1257). In other words, we are obliged to receive the sacraments whenever they are available, but when there is no access to these most awesome channels of grace we can be certain that God will not withhold his grace and mercy from us. His love is unstoppable!

We need to be careful with the danger of spending too much of our time and energy lamenting or even resenting events over which we have no control. This is a temptation judging by the fruit it bears (Mt 7:16). Instead let us prayerfully reflect and ask the Lord what his invitation to us is at this time. What is the grace potential present that he invites us to see and embrace? How can we turn this situation into a space where God’s grace can be manifested? How can we be of service to others even with the present limitations? As the saying goes: “It is far better to light the candle than to curse the darkness.” (William L. Watkinson)

Please be assured of our continued prayers for all of you, our dear friends of Mt. Carmel Center. We constantly present you and your intentions before the Eucharistic Heart of Christ.

I want to finish by quoting some very consoling words from one of our great Carmelite Saints, St. John of the Cross. He reminds us of a great truth, that God is always near to us, wherever we are and whatever the circumstances may be.

“It brings special happiness to a person to understand that God is never absent, not even from a soul in mortal sin (and how much less from one in the state of grace). What more do you want, O soul! And what else do you search for outside, when within yourself you possess your riches, delights, satisfaction, fullness, and kingdom – your Beloved whom you desire and seek? Be joyful and gladdened in your interior recollection with him, for you have him so close to you” (Spiritual Canticle 1, 8).

Fraternally in Christ:
Fr. Jorge Cabrera of Mary Immaculate, OCD

Queridos amigos del Centro Monte Carmelo:
Es mi oración que estén ustedes bien mientras enfrentamos estas circunstancias sin precedentes en nuestro mundo de hoy. Es nuestra intención en el Centro Monte Carmelo permanecer en comunicación con ustedes por medio de algunas reflexiones, mientras todos seguimos viviendo estos tiempos tanto de retos como de bendiciones.

Sé que diferentes personas tienen opiniones diversas sobre las restricciones implementadas por nuestras autoridades civiles y religiosas como respuesta a la pandemia. He escuchado de algunos individuos que se sienten tristes y hasta desilusionados por no tener acceso a la Santa Eucaristía ni contacto directo con su comunidad de fe, especialmente en estos momentos en que sienten que son más necesarios. Por un lado, es bueno que no estemos tomando esta situación a la ligera, pues es señal de que sí nos importa que valoramos y amamos a nuestro Señor en la Santa Eucaristía, al igual que a aquellos con quienes compartimos este banquete de amor. Yo estaría más preocupado si la reacción general hubiese sido una de indiferencia.

Por otro lado, es importante que discernamos cuál es la invitación que Dios nos hace a cada uno de nosotros. Sabemos que los sacramentos son le medio por excelencia por el cual Dios nos comunica su gracia y misericordia. Sin embargo, la Iglesia nos enseña que Dios ha vinculado su gracia y salvación a los sacramentos, pero él no queda sometido ni limitado a ellos (cf. CIC 1257). En otras palabras, nosotros los católicos estamos obligados a acudir a los sacramentos siempre que estén disponibles, pero cuando estos asombrosos instrumentos de gracia no lo están podemos tener la certeza de que Dios no nos privará de su gracia y misericordia. ¡Su amor es imparable! Él no de deja vencer por obstáculos humanos.

Necesitamos tener precaución con el peligro de invertir demasiado tiempo y energía en lamentarnos o incluso resentirnos por eventos y decisiones sobre los cuales no tenemos ningún control. Esto es una tentación a juzgar por los frutos que nos traen (cf. Mt. 7, 16). En lugar de esto, reflexionemos de forma orante y preguntémosle al Señor cuál es la invitación que nos hace en estos momentos. ¿Cuál es el potencial de gracia presente que él nos anima a detectar y acoger? ¿Cómo podemos convertir esta situación en un espacio en el cual su gracia se manifieste? ¿Cómo podemos brindar servicio a otros incluso con las limitaciones presentes? Como dice el refrán: “Es mejor encender una vela que maldecir las tinieblas” (William L. Watkinson).

Queridos amigos del Centro Monte Carmelo, tengan las certeza que nuestras oraciones por todos ustedes están siendo elevadas al cielo. Constantemente los encomendamos ante el Corazón Eucarístico de Jesús.

Deseo terminar esta reflexión citando a uno de nuestros grandes Santos Carmelitas, San Juan de la Cruz. Él nos recuerda una gran verdad, que Dios está siempre cerca de nosotros, cualquiera que sea nuestra situación y dondequiera que estemos.
“Grande contento es para el alma entender que nunca Dios falta del alma, aunque esté en pecado mortal, cuánto menos de la que está en gracia. ¿Qué más quieres, ¡oh alma!, y qué más buscas fuera de ti, pues dentro de ti tienes tus riquezas, tus deleites, tu satisfacción, tu hartura y tu reino, que es tu Amado, a quien desea y busca tu alma? Gózate y alégrate en tu interior recogimiento con él, pues le tienes tan cerca. Ahí le desea, ahí le adora, y no le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás y no le hallarás ni gozarás más cierto, ni más presto, ni más cerca que dentro de ti. Sólo hay una cosa, que, aunque está dentro de ti, está escondido. Pero gran cosa es saber el lugar donde está escondido para buscarle allí a lo cierto” (Cántico Espiritual B 1, 8).

Fraternalmente en Cristo:
P. Jorge Cabrera de María Inmaculada, OCD